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[Article d'opinion. Les positions exprimées dans cet article reflètent l'opinion individuelle de l'auteur.]
"No hay mejor momento que el de la crisis
de un sistema para instaurar el sistema opuesto
o alternativo, que surge precisamente de las entrañas
del que se encuentra conmovido por la crisis", Carlos Fonseca[1].
Un fantasma recorre a América latina: el fantasma del socialismo. La oportunidad histórica que enfrenta la izquierda no tiene comparación con ninguna otra época en la región. Es por esto que se hace necesario avanzar en la construcción de herramientas teóricas que nos permitan trascender de la espontaneidad en la cual se desarrolla actualmente la práctica. Tanto en el medio académico como en el político, es común encontrarse con una división de la izquierda en dos campos. Una sería vegetariana, la otra carnívora. La primera sería reformista, pragmática, seria, avanzada, moderada, neodesarrollista, sensata, y la segunda, populista y autoritaria, nacionalista, revolucionaria, radical, con pocos fundamentos ideológicos, atrasada, borbónica. Sin embargo, otros tantos analistas han insistido en que la variedad y la amplitud de las izquierdas hace imposible una clasificación tajante entre dos polos[2]. Para lo que nos proponemos desarrollar, nos debemos preguntar si lo que se busca es renovar "el capitalismo haciéndolo más humano o se busca construir una sociedad que supere el capitalismo"[3]. El objetivo de este artículo es desarrollar algunos de los puntos fundamentales que construyen lo que se ha denominado como el Socialismo del Siglo XXI, y por lo tanto nos enfocaremos en lo relacionado con la construcción de una sociedad que supere al capitalismo.
Diferentes factores convergen para explicar por qué surgen estos intentos de construcción de una sociedad alternativa en este momento de la Historia. Entre ellos juegan un rol importante, la crisis de la representación democrática o el agotamiento de la "democracia liberal burguesa", el impacto social de la "larga noche neoliberal"[4]con sus planes de ajuste estructural, la erupción de un gran número de Movimientos Sociales por toda la región y la globalización de las luchas en contra del neoliberalismo. Hugo Chávez fue quien hizo un llamado a "reexaminar la historia del socialismo y recuperar el concepto de socialismo" en diciembre de 2004. El Foro Social Mundial de enero de 2005 y la IV Cumbre de la Deuda Social, el 25 de febrero, declararon "que no había otra alternativa al capitalismo que el socialismo, pero advertía que tenía que ser un socialismo diferente a los conocidos, que había que inventar 'el socialismo del siglo XXI'"[5]. Como decía Salvador Allende, "un socialismo con vino tinto y empanadas". Intentaremos presentar algunos puntos cardinales del proyecto renovado de la izquierda en América Latina.
Los aspectos fundamentales de un proyecto político son: el sujeto social, la organicidad política y el proyecto de socialismo. En lo que concierne al sujeto social, es decir el grupo de individuos que va a realizar el cambio por medio de la acción, la teoría marxista tradicional ponía en el centro a la clase obrera. En los años ochenta se cuestionó con más fuerza esta idea y se difundió con fuerza aquella que consideraba que "el nuevo sujeto revolucionario latinoamericano no puede ser sólo la clase obrera"[6]. Esta transformación está ligada a la irrupción en la escena política de los Nuevos Movimientos Sociales, compuestos por feministas, indígenas, afro-descendientes y las comunidades LGBT. A las preocupaciones clásicas de la igualdad y de la democracia, se han agregado agendas diversas relacionadas con la etnicidad, el género, la raza y otras fuentes de desigualdad[7]. El concepto de "multitud", desarrollado por Michael Hardt y Antonio Negri, es un claro ejemplo de este cambio en el sujeto social. El objetivo de este concepto es insistir en la multiplicidad de agentes que no deben ser iguales entre sí para cooperar. Es un sujeto capaz de comunicar y de actuar como un todo, manteniendo sin embargo las diferencias. El concepto de pueblo es una síntesis que reduce todas las diferencias según estos autores. La "multitud" sería entonces el sujeto que se opone al "Imperio" en la postmodernidad[8]. Más allá de las discusiones que hay alrededor, este concepto nos permite evidenciar la diversidad que caracteriza al nuevo sujeto social revolucionario.
Para el marxismo-leninismo clásico, la revolución ha de ser posible gracias a la organización de la clase obrera en un Partido Comunista, constituyendo así la "vanguardia" que guía al pueblo. Se hacía necesario un partido único que aglutinara a toda la clase obrera, y este partido estaba organizado según el concepto leninista del centralismo democrático. Con la revisión intelectual de las experiencias soviética y de los países de Europa del Este, este concepto fue rechazado al considerar que el elemento centralista se impuso sobre el democrático[9]. En otras palabras, se critica el centralismo, el modelo vertical, la falta de participación de las bases en la construcción del proyecto político, entre otros elementos. Es por esto que surgen voces que reclaman una organización democrática, horizontal, participativa. Una organización cuyo papel es "facilitar, acompañar, y no suplantar". El movimiento popular no debe ser considerado como la mera correa de transmisión de las decisiones del partido. "Hay que pasar de una actitud verticalista a una actitud de pedagogos populares capaces de potenciar toda la sabiduría que existe en el pueblo"[10]. Sin embargo, si bien la horizontalidad tiene virtudes innegables, "muy pocas veces muestra eficacia para condensar las fuerzas"[11]. Actualmente predominan los "frentes amplios" de partidos y movimientos, las "coordinadoras" o los "encuentros" de organizaciones sociales que son formas descentralizadas. Estas articulaciones pueden ser eficaces para afrontar a un gobierno o para llegar al poder, pero durante el proceso de cambios revolucionarios se necesitan formas más elaboradas, permanentes y previsibles de organización[12]. En cuanto al tema de un partido único, Hugo Chávez asegura que es indispensable (PSUV) pero muchos analistas son reticentes porque consideran que "Un Partido Único de la Revolución corre el mismo riesgo que las grandes coaliciones entre los grandes partidos, que terminan por anular la representación al cubrir todo el espacio posible, dejando necesariamente a amplios sectores sin encontrar su propia voz"[13]. En todo caso, vertical u horizontal, lo indispensable es que la construcción de esta organicidad se haga desde la base, generando dinámicas de participación y de deliberación.
El análisis de los cambios en la concepción del sujeto social revolucionario y en la organización política, nos permite enfocarnos de ahora en adelante en el proyecto del socialismo del siglo XXI. Para empezar, los promotores de este concepto insisten en la necesidad de construir un socialismo autóctono. No se trata de construir o copiar modelos de otras latitudes. Esta característica no es particularmente nueva, pero es indispensable a la hora de pensar en cualquier proyecto político. Fidel Castro ya había dicho "Cada vez que copiamos nos equivocamos", Simón Rodríguez "O inventamos o erramos" y José Carlos Mariátegui decía que "el socialismo en América latina no puede ser calco y copia sino invención heroica de nuestros pueblos"[14]. Sintetizando, podríamos decir que los rasgos particulares que habría que tener en cuenta en cada país son: la Historia y las tradiciones, la estructura económica heredada, las correlaciones de fuerza (nacionales e internacionales) y los diferentes actores históricos (clase obrera, indígenas, militares, líderes...)[15]. El árbol de las tres raíces (Simón Bolívar, Simón Rodríguez y Ezequiel Zamora) de Hugo Chávez o el "socialismo comunitario" en Bolivia, que busca rescatar y potenciar las prácticas indígenas, se inscriben dentro de esta lógica de construcción de un proyecto propio.
Para entrar en el corazón de lo que hoy se denomina el Socialismo del Siglo XXI, son fundamentales la Democracia Participativa y Protagónica (DPP) y el Nuevo Modelo Económico (NME). En cuanto al primer concepto, la idea a partir de la cual se promueve otro modelo político es que la sociedad "no se decreta desde arriba sino que se construye desde abajo, ocupando el pueblo un papel protagónico"[16]. La democracia liberal burguesa ha llegado a su fin y debe darse un salto hacia el protagonismo del pueblo en la toma de decisiones. Y no se trata simplemente de resolver los problemas sociales de la gente (alimentación, salud, educación, etc.) sino de "transformar la forma misma de la democracia creando espacios que permitan que las personas, al luchar por el cambio de las circunstancias, se vayan transformando a sí mismas"[17]. Y esta transformación, es un cambio en la conciencia de cada persona que se impregna de solidaridad al actuar en nombre y a favor de la comunidad. También es importante subrayar, como lo hace Marta Harnecker, que "no es lo mismo que una comunidad conquiste una pasarela para lo cual se ha organizado y ha luchado, a que reciba la pasarela como un regalo del Estado paternalista".
Esta construcción de Poder Popular se materializa, en el caso de Venezuela en los Consejos Comunales, estudiantiles, de trabajadores, de campesinos, en los Comités Locales de Planificación Pública, en los Comités de Salud, grupos culturales, Círculos Bolivarianos, Mesas de Agua y Consejos Comunitarios de Agua, comités y grupos de participación e impulso de las misiones, Unidades de Batalla electoral, Comités de Tierra Urbanos, entre muchos otros. Sin embargo, este sistema autogestionario "no debe limitarse a experiencias de base de pequeñas dimensiones. Debe crearse un sistema que permita conciliar y cohesionar los intereses de otras comunidades, centros de trabajo o grupos de interés para poder gestionar de esta manera los asuntos públicos de la sociedad en general. Para esto debe establecerse una forma de representatividad o delegación. No rechazamos todo tipo de representatividad, rechazamos la democracia representativa burguesa, porque no es suficientemente representativa"[18]. Los criterios de este sistema de delegación o vocería son: los delegados son electos en los lugares que residen o trabajan, están directamente ligados a la base que los eligió, los electores no les transfieren derechos, no son políticos profesionales, no reciben de sus electores un mandato libre, tampoco reciben un mandato imperativo, su voto no puede ir predeterminado, preserva intereses originales de sus electores, su tarea y sus obligaciones no terminan cuando termina el proceso de toma de decisiones y pueden ser revocados si no cumplen el mandato. El Poder Popular es uno de los pilares elementales de los procesos de transformación actuales, y el futuro de la izquierda depende en buena medida de la conservación y promoción de estas formas de democracia y autogobierno[19].
El Nuevo Modelo Económico (NME) constituye el segundo pilar sobre el cual se erige el socialismo del siglo XXI. Este NME fue sintetizado por Hugo Chávez en el "triangulo elemental del socialismo": la propiedad social de los medios de producción, la producción social organizada por los trabajadores y la satisfacción de las necesidades comunales[20]. La propiedad social de los medios de producción no es lo mismo que la propiedad estatal, confusión que estuvo presente en las experiencias del siglo XX. No es lo mismo la "propiedad formal" y jurídica del Estado que la "apropiación real" de los medios de producción. Si bien en la experiencia soviética los medios de producción eran propiedad del Estado, que supuestamente representaba al pueblo, "los trabajadores seguían siendo un tornillo más de la fábrica", el proceso productivo en sí sufrió pocas modificaciones, se mantenía la organización jerárquica de la producción[21]. En cuanto a la producción organizada por los trabajadores, es decir la autogestión, hay que empezar por formar y hacer que los trabajadores se apropien del conjunto de los conocimientos relacionados con el proceso de producción, comercialización y el financiamiento de la empresa. Y la determinación de las necesidades comunales debe realizarse por medio de una planificación, ya no centralizada y autoritaria, sino descentralizada y participativa, "debe ser la propia gente la que defina y fije las prioridades para su satisfacción"[22]. Este NME debe también integrar el factor ecológico y la lucha contra el consumismo. Esta nueva economía no se erigirá sobre la redistribución de la pobreza, ni de la riqueza, su fundamento es la distribución social del bienestar[23].
Más que pretender hacer un manifiesto, lo que pretendimos hacer es una síntesis de algunas ideas y conceptos que son centrales en el proyecto político de la izquierda en América Latina. Comenzando el siglo XXI, nos encontramos frente a un sujeto social revolucionario que no se limita a la clase obrera, la necesidad de construir una organización política cuyo papel sea "facilitar, acompañar, y no suplantar" y cuyo proyecto sea un "socialismo con vino tinto y empanadas". El Socialismo del Siglo XXI se erige sobre dos grandes bases: la construcción del poder popular y un nuevo modelo económico. Los cambios materiales que se derivan de esta teoría deben conducir a una "transformación espiritual", es decir una revolución en las conciencias de las personas en el sentido que los valores fundamentales no sean el egoísmo y la ambición sino la solidaridad y la cooperación. América latina atraviesa una época decisiva y, asumiendo el tono normativo, ojalá que las coaliciones de izquierda en el poder sepan aprovechar la correlación de fuerzas favorable e inicien procesos de transformación revolucionarios, contribuyendo así a formar un Bloque Regional de Poder[24].
[1] FONSECA Carlos, El Socialismo del Siglo XXI como Desafío Histórico, in RODAS Germán (Coord.), América Latina Hoy, Reforma o Revolución, Ediciones Ocean Sur, 2010, p. 127.
[2] CHAVEZ, GARAVITO, BARRETT (Eds.), La Nueva Izquierda en América Latina, Ediciones La Catarata, Madrid, 2008, p. 50. O SAINT-UPÉRY Marc, El Sueño de Bolívar, El Desafío de las Izquierdas Sudamericanas, Ed. Paidós Ibérica, 2008, p. 16.
[3] HARNECKER Marta, América Latina y El Socialismo Del Siglo XXI, Inventando para no Errar, 17 de marzo de 2010, publicado en Rebelion.org, p.20, http://www.rebelion.org/docs/102813.pdf.
[4] Ya hemos desarrollado este tema en otro documento, "Un balance de la 'larga noche neoliberal'", publicado el 20 de enero de 2010 en OPALC, http://opalc.org/web/index.php?option=com_content&view=article&id=478:un-balance-de-la-qlargan-noche-neoliberalq&catid=47:les-politiques-publiques-en-amerique-latine&Itemid=78.
[5] HARNECKER, op. cit, p. 26.
[6] Ibid., p. 6.
[7] CHAVEZ, GARAVITO, BARRETT (Eds.), op. cit., p.33.
[8]BAJOIT, HOUTART, DUTERME, Amérique Latine, À Gauche Toute?, Edition Couleur Livres, Bruxelles, 2008, p. 90.
[9] RODAS Germán (Coord.), América Latina Hoy, Reforma o Revolución, Ediciones Ocean Sur, 2010, p.19.
[10] HARNECKER, op. cit., p.6.
[11] STOLOWICZ Beatriz, La Izquierda Latinoamericana y las Encrucijadas del Presente, in ESTRADA Jairo (Compilador), Izquierda y Socialismo en América Latina, Universidad Nacional de Colombia, 2008, p. 21.
[12] CHAVEZ, GARAVITO, BARRETT (Eds.), op. cit., p. 43.
[13] MONEDERO Juan Carlos, En Donde está el Peligro... El Desborde de la Representación y el Surgimiento de Alternativas, in CHAVEZ, GARAVITO, BARRETT (Eds.), op. cit., p.352.
[14] BORÓN Atilio, El Mito del Desarrollo Capitalista Nacional en la Nueva Coyuntura Política de América Latina, in ESTRADA Jairo (Compilador), Izquierda y Socialismo en América Latina, Universidad Nacional de Colombia, 2008, p. 79.
[15] HARNECKER, op. cit., p. 34.
[16] Ibíd., p. 35.
[17] Ibíd., p. 36.
[18] Ibíd., p. 39 a 42.
[19] TAPIA Luis, Bolivia. La Izquierda y los Movimientos Sociales, in CHAVEZ, GARAVITO, BARRETT (Eds.), op. cit., p. 307.
[20] HARNECKER, op. cit., p. 43.
[21] Ibíd.
[22] Ibíd., p. 45.
[23] MEDINA Carlos, Sobre el Socialismo del Siglo XXI y el Poder Popular, in ESTRADA Jairo (Compilador), Izquierda y Socialismo en América Latina, Universidad Nacional de Colombia, 2008, p. 153.
[24] DIETRICH Heinz, El Socialismo del Siglo XXI, Ediciones FICA, 2007, p. 182. |