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El 18 de noviembre Argentina y Brasil, los socios más importantes del Mercosur, se vieron enfrentados en términos comerciales. En efecto, la tensión bilateral tuvo su punto culmine en la corta pero significativa visita de la presidenta argentina, Cristina Fernández de Kirchner, a su par brasilero Luis Ignacio Lula da Silva, en Brasilia.
Los hechos que originaron el conflicto fueron las trabas al comercio puestas por ambos países en el contexto de la crisis internacional, siendo los intercambios bilaterales cruciales para las economías de los dos vecinos. La barrera argentina fue implementada mediante un sistema de licencias no automáticas con "objeto de proteger el empleo y la industria nacional", según se informó desde el Ministerio de Economía. Sin embargo, debido a lo establecido por la Organización Mundial de Comercio (OMC) frente a la queja de Brasil, la Argentina tuvo que comprometerse por escrito a expedir dichas licencias para la entrada de productos brasileros en un plazo de 60 días. Pese a este acuerdo, Brasil denunció reiteradas veces que el gobierno argentino no lo cumplía y que "la Argentina llegó a demorar 180 días para habilitar las licencias", en palabras del portavoz del Estado brasilero.
Es por esta situación que Brasil decidió, de manera unilateral, bloquear la entrada de camiones argentinos que transportaban mercadería perecedera en la frontera. Frente a esta medida, considerada como "inaceptable" por la Cancillería argentina, el embajador brasilero en Buenos Aires, Mauro Veiras, fue citado para requerirle explicaciones. Expresado el malestar del gobierno brasilero con el comercio bilateral, la presidenta Cristina Fernández de Kirchner decidió viajar a Brasilia para una reunión con el presidente Lula da Silva.
Luego de una reunión breve, pero con alto voltaje y presión política, no se obtuvo el consenso buscado. En una fuego cruzado de sutiles críticas, Lula afirmó que "el proteccionismo no es una solución ya que crea distorsiones difíciles de destruir". Por su parte, Cristina sostuvo que "el mundo que viene será de una feroz competencia comercial. Una cosa es lo que se dice en todo el mundo y otras son las decisiones que se toman en todo el mundo [refiriéndose a las medidas proteccionistas]. Tenemos que tener la suficiente inteligencia para no perder de vista el todo. Que el árbol no nos impida ver el bosque". A su vez, pidió al presidente brasilero "no ignorar que hay un socio mayor y un socio menor" y, por ende, reclamó "mirar el conjunto".
Pese al estancamiento en las negociaciones, ambas delegaciones calificaron de "pequeñas" sus diferencias. Pero el resultado no fue positivo. La búsqueda de soluciones a las tensiones comerciales se postergaron para futuras cumbres. Lo que sí se convino, en pos de evitar nuevos conflictos, fueron reuniones bilaterales entre ambos mandatarios cada 90 días y entre sus ministros cada 45. En cuanto al problema de las licencias y del bloqueo de mercancías, la Argentina aceptó limitarse a un plazo máximo de 60 días para la expedición dichas licencias cuando se trate de productos brasileros, a la vez que Brasil se comprometió a dar aviso antes de establecer dichos bloqueos comerciales.
Si bien los problemas de fondo y la desigualdad comercial no fueron remediados, sí se logró dar una rápida salida a la tensión y al estancamiento del comercio bilateral entre los dos países con las economías más grandes de Sudamérica.
El saldo dejado por esta reunión mostró una vez más las tensiones internas, no sólo de carácter comercial sino también político, que existen dentro del mismo Mercosur. En efecto, la apuesta a Brasil como "cabeza y portavoz" de Sudamérica incomoda cada vez más al gobierno argentino, quien trata de competir contra él en los mayores aspectos posibles (comercio, relaciones internacionales, etc.). Por su parte, el gobierno de Lula se ve obligado a aceptar con cierta molestia que el país vecino, que a veces "entorpece" sus aspiraciones de líder en la región, es uno de sus mayores socios comerciales y es esencial para su economía. Sin tomar posiciones por un líder u otro, ambos deberían salvar sus diferencias y crear políticas conjuntas de crecimiento, si es que quieren que el Mercosur se vuelta no sólo motor de América Latina, sino también del mundo en este momento de crisis.
Sources :
- La Nación (Argentine) ;
- El País (Espagne) ;
- Consejo Superior de Cámaras de Argentina. |